Felicidad (2023)
Felicidad y su flamante marido, después de festejar su boda, viajan por una ruta solitaria. Ella se demora en un baño mientras él la espera pero, al cabo de un tiempo, la abandona y desaparece. En un desolador infinito de tierra, Felicidad descubre que su historia no es única y que esa ruta está habitada por innumerables novias con un destino común y que permanecen allí, errantes. En la perplejidad de este terrorífico encuentro, Felicidad se debate entre la certeza perdida y la aceptación del abandono.
Música Marcos Franciosi
Texto original Samanta Schweblin
Libreto Marcos Franciosi y Walter Jakob
Dirección Musical Valeria Martinelli
Dirección de escena Julián Ignacio Garcés
Escenografía Diego Cirulli
Video Juan Bautista Selva
Vestuario Mariana Seropián
Iluminación Verónica Alcoba
Asistente técnico musical David Barragán
REPARTO
Felicidad Natalia Salardino (soprano)
Nené Graciela Oddone (soprano)
Otra novia Alicia Martínez (soprano)
Vieja María Inés Aldaburu (actriz)
Hombre Martín Brunetti (actor)
Ensamble de solistas
Ensamble Tsunami (cuarteto de saxos)
Mariana Brondino
Martín Proscia
Alejandro Soraires
Mauricio Berg
Trompeta Valentín Garvie
Violonchelo Martín Devoto
Voz instrumental Javier Lezcano
Percusión Oscar Albrieu Roca
Las historias sobrenaturales están plagadas de seres fantásticos, habitantes de mundos imposibles con los que no podemos más que soñar -o padecer en pesadillas-. Pero como en toda creación humana, nuestras fantasías sólo nos hablan de nosotros mismos y de nuestras realidades cotidianas, de las que por momentos se nos hace imperioso escapar, aunque sólo sea en nuestra mente. Los miedos forman parte de estas fantasías. En “Mujeres desesperadas”, Samanta Schweblin nos confronta con un temor, el abandono, frente al cual un ritual, el matrimonio, nos promete protección.
Rituales como éste -claramente cargados de fantasía- gozan de una importancia tal como para definir el rumbo de nuestros destinos mundanos. Sin embargo, en tanto creación colectiva, los rituales nos hablan de fantasías que internalizamos al socializar y que no nos son necesariamente propias. Al perder la singularidad de lo individual, estos ritos nos introducen en un universo fantástico ajeno que, en pos de no extraviarnos del colectivo, aceptamos como propio, aun corriendo el riesgo de que la anhelada protección se convierta en asfixia y que el escape necesario sea real y ya no sólo una fantasía